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Poema Luces Y Sombras de Ana Buquet



La luz de la mañana no me hace bien.
Prefiero las penumbras de la noche y su silencio.
En ellas me encuentro alborotando sueños,
interiorizándome en los espíritus que me son ahora,
que me fueron antes.
Supremos espíritus que quedaron
y existen en mí para siempre.

El silencio de la noche remarca mi presente,
me lleva a mi pasado,
me sueña mi futuro.

La luz de la mañana me da la realidad,
la vida misma,
sin pasado, sin recuerdos,
sin dolores,
sin amores que duelan ni que ahoguen,
sin brazos que me abracen enamorados,
hastiados de placer,
desangrados amores,
eternos.

Pero me gusta el día;
en él , vivo mi presente,
amo a quienes amo,
tengo a quienes tengo.



Poema Lluvia de Ana Buquet



Lluvia que
lava mis pasos
dejando este camino
sin huellas:
moja mi rostro cansado
asombra los ojos compañeros
desnuda mi alma.
Lluvia que
vienes hasta mi casi como madre:
abrázame con fuerza
bésame la frente
dime que no es esto
el adiós que duele
reventando interiores
haciendo trizas
espacios reposados
músicas gratas
amores amaneciendo soles
y recostando lunas llenas.
Lluvia
ábreme el mundo
de adioses insurrectos
y bienvenidas no terminadas.
Horádame la piel
devórame hasta el alma
pero no le permitas
que se vaya



Poema Gaviotas Y Sol de Ana Buquet



I
Sal en los cuerpos húmedos
que se entrelazan, se funden…
Fuego en los ojos y los labios.
Él susurra y vibra.
Ella vibra y susurra.
Cada vez más próximos a la entrega
repasan -gozosos-
sus puntos cardinales.
II
Entre luces y sombras
se remonta mi ser…
y se evade hacia un atrás
que -de tan vívido- es hoy.
Éste, aquel tiempo
en que
olvidándolo todo,
éramos nosotros.
III
Nada existe, salvo su pasión.
Caigo en un túnel que,
desbocándose,
me reclama el regreso
hacia arenas desatadas.

Nuestras pieles
-las suyas-
dorándose entre sales y soles,
puros, ardiendo.
Nuestros cuerpos
-los suyos-
rompen en la arena
al son de las olas
que se rehacen,
y nuevas,
se reintegran al mar.

La playa donde siguen desperezándose las gaviotas,
tritura mi alma entre recuerdos y certezas.



Poema Fin Y Principio de Ana Buquet



Cómo te llamas…cómo…
Acaso vida, muerte,
amor, indiferencia,
posible odio letal,
quizás fin,
mundo entregado,
desilusión,
rompedero de estrellas,
mares confundidos,
resquebrajados cielos negros
todo bombardeado, todo…
Si hay un mañana,
si existe,
te llamarás futuro…
Si existe…
te llamarás
de nuevo Tierra…
Si hay resurrección,
acaso…
si la hubiera,
te llamarías
mundo conjugado
en nueva sangre,
en desaparecidas violencias,
enterradas las armas,
y hasta siempre,
fósiles los fusiles.



Poema Ecos de Ana Buquet



Espinosos retumban los ecos del pasado.
Reiteran a sabiendas mi dolor.

Nutro fertilidades
para no agonizar masticando ahogos de tristeza,
y tomo mi escafandra:
este presente de vuelos y cánticos
de finos y coloridos pájaros.

Leves se disuelven las nostalgias pétreas,
quedándome sempiternos azules y oros.

Jamás permitiré que mis vísceras
vuelvan a los ocres y grises:
no se retroalimentarán en mi.



Poema Desenfadados de Ana Buquet



Desenfrenados, airosos,
surgen en el alma los deseos
que el cuerpo por las noches calma.

Claman piedad.
Gritan «ya basta».

Un «nomeolvides»,
un «parasiempre»
surgen del alma de los amantes.

Desenfrenados, airosos,
saltan desde su piel los anhelos
que el alma por la mañana
calma.

Ellos,
siempre tan desenfadados,
los amantes,
abriendo el desparpajo de la vida
fundiendo su condición,
no renegando de ella.



Poema A Veces de Ana Buquet



A veces,
cuando las luces se apagan
y se termina la música,
y se me obliga a quedarme sola
con mi enfermedad y mi mundo suspendido.
A veces,
tú entras silenciosamente
y dándome un beso
realizas el milagro
y me haces dormir en paz.



Poema A La Búsqueda Incesante de Ana Buquet



A la búsqueda incesante

Cresta de la ola.
Caes con vértigo feroz
en playas anónimas
de atardeceres calmos.
Mueres mar en la orilla,
y a tu antojo
te desperezas,
te desatas fuerte,
te contraes,
te esfumas.
Llevas a tu encuentro
pasados que no fueron,
crepúsculos de luz mortecina
que alumbraron lujuriosos placeres
y enardecieron profundos dolores.
Cresta de la ola
de este río como mar…
Hoy caes con vértigo
en mi playa.
Estás buscando
más que nunca,
empecinada,
quebrarte en mis pies,
igual que aquel
que quiso morir
por un amor prohibido.
Y buscas tus playas.
Y él busca las suyas.
Persistes en tu loca tenacidad
igual que aquel,
que aún hoy
sigue buscando.
Espera. Insiste.
Quizás, algún día,
puedan morir
los dos,
junto a la orilla,
cuando yo esté contigo.



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