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Poema Sobre La Nada de Angel Crespo



La nada: ese inmenso cajón, alacena o lago del que Dios ha exiliado a todas las cosas; bosque en el que se escucha el balido de todos los pájaros habidos y por no haber.
Desgraciado de aquel que no tiene su nada, habrá de conformarse con lo que le den los demás, sacando de sus bolsillos o de sus terribles armarios; vivirá como nuncio, como vicario, como ministro, pero jamás con soberanía, porque no tendrá nada.
La mía es el recuerdo, las escamas de los pescados que platean en los mares de medianoche ?y del mediodía en que el sol nada-; la nada por crear.
O bien el largo olor a vida de la nada.



Poema Preguntas (ii) (a La Luz) de Angel Crespo



¿Son de esta luz los dioses?
¿Son ella nada más, o ella templando,
mordiendo reticencias,
destruyendo lo frío de la estrella,
lo negro de las olas,
lo azul del rojo,
la ignorancia de la ternura,
el río que inunda y anega
a su propia corriente?
¿O son la misma luz,
silenciosa y oscura,
que camina incesantemente,
música que silencia a su propia armonía,
como la ola muere en su mar,
como en su propia luz se apaga y nace
esta otra luz que son tal vez los dioses,
que su esplendor suscinta y prohíbe?
¿Son, entonces, los mismos,
los que vieron los ojos egregios
una vez ?y otra vez
yo no veo- y me ven
no verlos? Y la luz
¿no hace un dios más, ahora,
de este no ver que empieza a cada instante
-ella lejos, aquí en ninguna parte,
en todas- a mirarlo como mira
salir del agua, destilando luz,
un dios a otro, donde nunca está?



Poema Himno (i) (a La Luz) de Angel Crespo



Oh la hermosura de la luz,
que habla
sin palabras, y toca
sin llegarse, y nos sabe
aromar sin ser jara ni de rosa
forma o tinta mostrar. Oh la frescura
de la luz, río ancho,
lago profundo, alta
cascada, arroyo armónico
de sombra y de trinos
de hojas verdes
y alguna que se cae
marchita. Oh la ternura
de la luz que, pudiendo
cegarnos, sus profundos
ojos anida entre su propia alada
cabellera inmortal, que nuestro paso
aligera, pudiéndonos dejar
marchitos en el valle, que nos cura
los recuerdos más próximos
para que la podamos saludar
junto ala muro caído. Oh la cordura
de la luz, que nos deja desvariar
mientras ella sonríe
en el verde del junco, de la avena
en el ramo inclinado, y llora un poco
en la plata que arrastra
la brisa; que prefiere
repartirse en lo claro de lo oscuro
de la sazón. Oh la dulzura
de la luz que se aparta
al paso de la muerte
y, al punto, es más sustento
y más sabor ?abeja
intangible y discreta
que de sí hace su miel-. Oh la figura
invisible y cambiante
de la luz, vista siempre
hacerse más y más
hermosura, más luz entre su luz.



Poema Hambres (iii) (a La Luz) de Angel Crespo



Los inmortales toman su sustancia
de tus cavernas infinitas, de
tus abismos que se hunden
como sube la hiedra por el tronco,
por el aire
baja el relámpago, ilumina
y retorna a su flor;
como el día se extiende
en sus estancias sin puertas ni cúpulas
que cierran todas las salidas
y entrecruzan sus dobles linternas,
de ti la obtienen. Nada nuestra,
acaparadora de ortos
innombrables, que un día surgirán
sobre tus pies desnudos,
tendrán, para nosotros, senos tales
que muramos sin preguntar
en su redondez impoluta,
miradas que sostengan las nuestras
sin apartarse, largas comas
undosas, en que está todo color
como en la luz, que nos los muestra, todos;
y, voz unánimemente profética,
en nuestra propia nada
contemplarán la que comparten ellos,
hombres de hambre con sed.



Poema El Muro de Angel Crespo



El peregrino llega junto al muro,
ya sin aliento, apoya en él las manos
y la frente, buscando refrigerio:

más pronto las aparta, que unas manos
y una encendida frente
lo sostienen del otro lado.



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