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Poema Maitines de Carmen Sanchez



El sueño parpadea en los ojos.
Frágiles rudimentos de paloma me vuelven al deseo,
a la reminiscencia de tu abrazo.

A esta mañana
atrio del día que aguarda,
municipio del aire,
hora primera.

Loa a esta ciudad sombría y desvelada
en que rostros sin rostro pasan y están soñando.



Poema Para Un Cuerpo Ausente de Carmen Sanchez



Busco tu esqueleto bajo la cama
entre los libros
ahí
donde estuviste
en los pasillos
en los rincones
en los dobleces de mi cuerpo
entre las altas torres del lenguaje.

O quizá un gesto de la mano izquierda
en la pared proyecta con su sombra
el rostro de una palabra

Guardé tu nombre que late en una página

No quiero recordar
y aun la voz no alcanza para ir
-despacio-
consonante y vocal
aire y vacío
llenando lo que dice
lo que en verdad nombra
ese nombre que tiene tu cuerpo

Y no hay voz que lo abarque



Poema Para La Voz Que Calla de Carmen Sanchez



?Y sin demandar nada
salvo el misterio perenne de una boca.

Misterio cuando calla, revela la escritura silenciosa,
abre un mundo, organiza memorias.
-Es el llamado.
La memoria desciende al oscuro precipicio de tu boca,
palabra luminosa
-distracción del llanto-
acaso el vuelo prodigioso de una historia
que va y regresa:
se oculta en las orillas de la rosa,
asciende, palpitando, a la mirada;
se guarda,
juega en la lengua, cierra la puerta?
Ensaya una vocal,
una tras otra,
tropieza a veces;
se hunde y se encamina en la memoria.



Poema Nocturno De Amor Y Muerte de Carmen Sanchez



La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
Xavier Villaurrutia

Amémonos ahora,
es duro el tiempo de la espera,
vamos a hacer el trance más perfecto.

Ésta entre las demás horas es hermosa:
hoy tus ojos están humedecidos.

(Tú duermes y yo velo
para esconder tu sueño del ángel negro.)

Porque ya el aliento se desgasta
y tu sonrisa en respirar se apura
y porque el corazón,
cada que da un latido es uno menos,
líbrame de la muerte
jinete que cabalga
entre l alma y el tiempo.

Sálvame
en el humor de espliego
de los cuerpos,
en el gemido último
en la imaginería breve del deseo.

Sálvame
de la imposible vida
del delgado fantasma de la muerte
que avanza en nuestro lecho,
arrebata tus manos
y me dibuja,
resquebrajada, inerte
mientras la piel se entrega
y cae al suelo.

Nada hay como la prisa para amarse:
todo se olvida;
ven ahora y mientras en amor nos sepultamos
seamos inmortales
y simulemos que morimos luego.

Llega aquel ángel triste en sábanas cansadas
con grandes ojos a mirarnos luego:
amémonos ahora
(no es tan tarde).

Polvo que seremos
narrará nuestra historia
y este momento extremo
será uno más,
-el nuestro-
en la historia del cuerpo.





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