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Poema El Convaleciente de Cintio Vitier



La noche extiende su dominio puro
de estrella por mi sanagre aparecida
como un árbol oscuro:
ya no es la muerte ni la vida
lo que alegre despierta con mi sueño
a mi ceniza en flor y luz madura,
sino un oro neutral que me hace dueño
de mi joven palacio de amargura.

Oh ardido corazón, paciente mina
de la engastada furia que rodea
mi tronco de hombre escueto de paisaje!

Levanta, enfermedad, tu lluvia fina,
permite que tu niño eterno vea
su extraña paz y delicado viaje.



Poema Doble Herida de Cintio Vitier



Este ir de la vida a la escritura
y volver de la letra a tanta vida,
ha sido larga, redoblada herida
que se ha tragado el tiempo en su abertura.

Abierto como res por la lectura,
le entregué las entrañas, y la vida,
queriendo rehacerlas, conmovida,
en ellas imprimió su quemadura.

Doble traición, porque la una resta
lo que la otra necesita entero:
el ser de carne y sueño, la respuesta

que deje al fin saciado al heredero
de tanta boda rota y tanta fiesta
partida por cuchillo doble y fiero.



Poema Demolición de Cintio Vitier



Al fin se consumó, después
de tantas perfecciones tan equívocas,
de tanta precaución y cálculo, probando
que nada fuera inútil, ni lo nimio,
ni los más delicados pulimentos:
al fin se consumó lo improyectado
por la mano, al revés de la materia.

La mano reconoce que otra mano
más poderosa hay en la materia,
otro proyecto inverso, otra escultura
abierta al desgarrón que nos genera,
el ojo reventado de la forma,
el descoyuntamiento crucifixo,
el boquete sediento de la luz
manando los destrozos
de una extraña alegría.



Poema De Mi Provincia de Cintio Vitier



Vuelve la tarde
cuando el niño polvoriento se echa al río
y suena su peso en las nubes
como un fresco morado distinto
que abre suavemente los ojos de la mujerzuela
sentada huesuda y eterna en el parque.

Dónde estará mi sombrero, pregunta
con el único zapato interrogante que tiene,
y se pone a crear de otro modo su verde sombrero,
mientras el niño patalea dulce
perdido en un extraño, en un sordo silencio
que no puede penetrar ni la música del último crimen.

Sonando hacia el mar el domingo
desprende su pasión cristalina
en aciagos danzones de angustiosa patria,
y la imagen del mundo como el nombre
guardado en la oscura garganta de un ciego
empieza a buscar su tamaño, su olor, sus colores.

Yo dije que vuelve el deseo,
pero la tarde es inmóvil como todo transeúnte
o melancólico bufón de sí mismo,
y al expresar un banco, un laurel o una tela soñada
que hasta entonces no tuvo concreto frenesí,
es idéntica y sigue brotando, esencial, de mi provincia.



Poema Cola de Cintio Vitier



Detrás de él va un niño
que lleva un suéter rojo
que va detrás de un viejo
que tiene un sombrerito,
detrás de una señora
con una saya azul,
que va detrás de un perro
que va detrás de un coro
de marineros rusos,
detrás de una muchacha
públicamente hermosa,
que va detrás de un ciego
detrás de su bastón,
que va detrás de un día
color de cornetín,
que va detrás de un ciervo
que se perdió en el bosque,
detrás de las Cabrillas
y de la Cruz del Sur,
que va detrás de un beso
detrás de una postal,
que va detrás de un manco,
de un cojo y de un ciempiés,
detrás de un apagón,
detrás de dos paraguas
que van detrás de Arthur
detrás de sus camellos
que van detrás de todo
con todas las banderas
las herramientas todas
y con soldados mil.

Yo voy detrás de usted.



Poema Cántico Nuevo de Cintio Vitier



Este libro no es tanto de poesía
como de conciencia.

Sus versos resultan duros y desabridos
pero dicen la verdad de mi corazón
cambiante y una
como profunda luz de agosto.

Ya no vale la pena escribir
una línea
que no sea completa, aunque después resulte poca,
la verdad.

La poesía no está por encima de nada.

Echo mi vida a un fuego: ser honrado.
Cómo no voy a querer serlo si en ello me va la vida.
No la que otros pueden darme o quitarme sino la que yo me doy
en mi conciencia que Dios me dio
para hacer este cántico nuevo,
áspero, duro y desabrido.

He pasado de la conciencia de la poesía
a la poesía de la conciencia, porque estoy, a no dudarlo,
entre la espada y la pared.

Este libro no contiene las notas de una lira
salvo que una lira sea
el tiempo y el espacio que van de la espada a la pared.
La profunda luz de agosto me lo dice:
Nada está por encima de nada.
Todo va a salvarse o a perderse junto en un solo cuerpo y en una sola alma.



Poema Canción de Cintio Vitier



¡Oh dulcísimo callar
del ángel de mi sigilo!

¡Oh dulcísimo callar
del mundo en mi corazón!

¡Oh dulcísima miseria
de mis ojos en la flor,

de mi soñar en el río,
de mi tacto por el cielo!



Poema Ausencia de Cintio Vitier



Qué oculta esta palabra o reverencia
irónica al desdén que la provoca,
gusto que niega todo lo que toca,
negación de sí misma, viva ausencia.

Cómo para vivir tiene licencia
si no nació, ni muere, ni convoca
más tiempo que el futuro que revoca
dejándonos de nada única ciencia.

Cuchilla sin embargo es lo que dice,
amputadora puerta cuyo filo
tan silenciosamente nos instruye.

Allí duele donde ella se desdice,
punza allí de la sutura el hilo
zurciendo lo que aguarda y lo que huye.



Poema Amor de Cintio Vitier



Si vieras en qué playa te he querido
y en qué estrella te ocultas invencible,
qué acentos de mi voz has escogido,
hasta dónde te hunde lo imposible
desde mi sueño al tuyo melodioso
como una clara ola que me inunda.

Cruzáramos los dos el negro foso
de la tierra y el mar que nos circunda,
y cruzáramos más: la tibia fuente
de luz definidora, el campo serio
de flor que nos aguarda, y, lentamente,
hiciéramos de amor un fijo imperio.



Poema A La Poesía de Cintio Vitier



¿Vienes menos cada vez,
huyes de mí,
o es que estamos entrando en tu silencio
?el pedregal, la luz?
y ya tenemos poco que decirnos?
Pero ese poco,
¿lo diremos nunca?
pero ese poco, ¿qué es?
¿Será el alimento de los ángeles,
lo que le falta al sol,
la muerte?
No digas nada tú. Cada palabra
de tu boca es demasiado hermosa.
No puedo resistirla ya,
aunque todo mi ser quiere comerla,
y de esa hambre vivo aún. Dí
la nada que estoy acostumbrado a ver
en el pálido fulgor de la sequía,
en la brasa del deseo, allí
donde la amarga mar que adoro empieza.
Dí su mezcla con todo, en que he gozado.
La memoria
guarda trenes enteros, encendidos,
silbando por lo oscuro. No me sirven.
Mañana del ayer, una candela al mediodía
se me parece más: en ella escribo
letras para el aniversario
de mi expulsión del texto que ahora miro,
incomprensible. ¿Tú eras mi madre, entonces?
¿Tú, que ahora vienes, como el alba,
llena de lágrimas? ¡Oh materia,
templo! Haber nacido es no poder entrar en ti.
Déjame verte por el lado de la historia,
que busca también un paraíso,
pues tu nombre es justicia, noche
de aquel niño.
¿Qué está pasando ahora que los músicos
acabaron de tocar aquel danzón terrible?
Mi vida vuelve a ser el arenal de hueso
donde salí del libro, ay, sellado. ¿Y tú,
serás mi hija?
¿Y tú, serás mi patria que no terminaré de ver?
¿Dirás lo que dijiste aquella noche,
cuando la finca empezaba a ser el paraíso
entrando en el futuro de los naranjales,
bajo la risa de las estrellas?
Lo poco, ¿es ya el tesoro?
Lo poco que nos falta, ¿es ya lo inmenso?
Tanto tiempo expulsado de tu vientre
apenas pesa como un ave en el silencio.
Dame tu mano. Ayúdame a llegar.



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