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Poema Por Razones De Odio de Juan Sánchez Peláez



Ella descubre el roce el barniz de su cintura
En los estados feéricos en un acantilado sensual
A cuyos pies se derraman almacenes hechizados
Los cuellos segados por fruición de la libertad.

Cuando escamotean sus cláusulas internas
Creo una virtud especial
Por razones de odio
y es la mujer sometida al clima negro
En los portafolios los deshielos la lupa la colcha
De los muertos.
Los óleos de mi memoria revestidos de lanas ardientes
La mancha con sed del rebaño sideral
La lepra
Del aljófar caído en los bosques.

De «Elena y los elementos» 1951



Poema Poema Ii de Juan Sánchez Peláez



La selva roja murmura, murmura, y de repente es toda la realidad del corazón mi selva roja. Y ella que es un péndulo que oscila en el gemido, mi selva roja, y ella que exclama con saltos leves de dicha, mi selva roja, en la ruta que conduce hacia ese hondo bosque fuera de la tierra anónima nos deja estar en ninguna parte y olvidarnos, nos deja no resbalar en la cosa que se evapora, nos deja la mediúmnica voz de nuestra vertidumbre, y en paz, sin magnos errores, mi selva roja.

De «Rasgos comunes» 1975



Poema Obra De Vigilancia de Juan Sánchez Peláez



(Paso la mano sobre el olor de tu vestido),
Tu guedeja, tu pendón lunar;

Más allá, más acá,

(Paso la mano sobre húmedos rastros)
Aclara la niebla del pecho
un arco iris.

Echa tierra a la tierra de ilusión.
Aquí es inoficioso soñar .

De púrpura es la casa a cuestas en el viento
de largos ramajes.

De «Filiación oscura» 1966



Poema No Estás Conmigo de Juan Sánchez Peláez



No estás conmigo. Ignoro tu imagen. No pueblo tu gran olvido.
Pasarán los años. Un rapto sin control como la dicha
habrá en el sur.
Con la riqueza mágica del encuentro, vuelve hasta mí,
sube tu silencioso fervor,
tu súplica por los viajes,
tu noche y tu mediodía.

Apareces.

Tu órbita desafía toda distancia.

Entonces, para iluminar el presente, tú y yo acariciamos
la llaga de nuestro antiguo amor.

De «Animal de costumbre» 1959



Poema Me Pongo A Temblar de Juan Sánchez Peláez



Me pongo a temblar en la noche llena de sonidos. Absorto en mi labor, no me doy cuenta que el tiempo transcurre. Mi oficio es como la lluvia: acariciar, penetrar, hundirme. Observo la tinaja oscura. Alumbro una lámpara en mi duermevela. Siento mi arruga y mi enigma, pero ¿dónde el
hallazgo por venir, o una mañana clara en las calzada?

De» Lo huidizo y permanente» 1969



Poema Inocencia de Juan Sánchez Peláez



Cuando pongo la mejilla en esa melodía, recupero un instante
la ciudad perdida.

Vivo sin leño ni lumbre, señuelo en pos de ti.

Por encontramos en el mundo, nos cubre la llama que da pavor. Soy de pies a cabeza la gran vacilación del hombre. Mustio, trago a cántaros el olvido y la tiniebla.

De «Rasgos comunes» 1975



Poema En La Noche Dúctil de Juan Sánchez Peláez



En la noche dúctil con un gladiolo en tu casa
En la noche, escucha,
Oh frágil vanidad en los brazos,
Y tu sueño pesa viviente como ráfaga del río.

Más allá en los vergeles
Prueba, verifica mi debilidad y mi fuerza.
Mi camino que ignoro hasta encontrar tu paso, tu huella
Tibia en la tierra,
El nacimiento del nuevo día.

De «Animal de costumbre» 1959



Poema Persistencia de Juan Sánchez Peláez



A Ella, (y en realidad sin ningún límite).Con holgura y
placer.

A Ella, la víbora y la abeja: La desnudez preciosa.

A Ella, mi transparencia, mi incoherente arrullo, el rumor
que sube en las raíces de mi lengua.

A Ella, cuando regreso de las inmensas naves que hay en
el cuerpo huraño con un sol inmóvil.

A Ella, mi ritual de beber en su seno porque quiero
comenzar algo, en alguna dirección.

A Ella, que abre el sobre de mis amuletos.

A Ella, que en la balanza anónima de la memoria y en las
horas finales prolonga mi presencia real y mi presencia
ilusoria sobre la tierra.

A Ella, que con una frase insomne divaga en el umbral
de mis lámparas.

A Ella, a causa de un vocablo que me falta y a la vez
usufructo de un breve viaje que podría revelarme.

-Duerme, pero la obra humana es el instante; al dormir
se cierra con furor la gran jaula.

-Despierta, pero esboza en las márgenes de tus cejas el
oro próximo del sueño.

-Revuélcate en la parálisis fuera del yo de los ciegos
viajeros.

¡Adónde mi ninguna faz con años!

A Ella, los abismos que hay de mi amor a mi muerte
cuando caiga a plomo sobre la tierra y en un lugar
de señales desaparezca el sitio de mi ánima sola.

De «Filiación oscura» 1966



Poema Elena Es Alga De La Tierra de Juan Sánchez Peláez



Elena es alga de la tierra
Ola del mar.
Existe porque posee la nostalgia
De estos elementos,
Pero Ella lo sabe,
Sueña,
Y confía,

De pie sobre la roca y el coral de los abismos.

En realidad, Elena
Conoce las cosas simples,
Porque antes de ser doncella
Fue Sirena y Ondina,
Y antes de ser
Sirena y Ondina,
Nadó en el torbellino, en el número, en el fuego.

Yo debí caer en la calzada, y rememorar,
Oh huésped delirante;
Allí donde apacigua la tarde y el crepúsculo,
A mí me separaron.

Tuve otro amor,
Puro como el éxtasis,
Frágil como la fantasía,
Absoluto como mi otro amor.

Oí una trompeta de bruma en el desierto
Mis halcones salieron del follaje.

En todas las estaciones
En el otoño o en la primavera
Elena es alga de la tierra
Ola del mar.

De «Animal de costumbre» 1959



Poema El Cuerpo Suicida de Juan Sánchez Peláez



Rosa invisible rasgo puro
Venas subyugantes como lámparas de nieve
y mi espejo en su lecho fratricida
Iba hacia ti
Desde la negra edad de mis orígenes
Iba hacia ti
Cuando la luna ondea en mis sienes desatadas
Caías de rodillas con un racimo de frutas.

Los perversos ojos del cielo recubren tu llama
La espiga vigilante adentro
En las zonas del silencio donde la luz no llega.

Yo veía un niño agonizando en los jardines
El que arrojaba uvas delirantes a las duras bahías
Y los cuerpos ahogados en la noche
Cuando arden cenizas en la magia de Dios.

Yo he visto alfombras proteger sus rebaños
de ignorancia
Altares y arcos
Los senos, bases de fuego fascinante
El perfecto hábito del semen
Joya de abismo, taciturno enigma.

De «Elena y los elementos» 1951



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