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Poema Confesiones de Luis García Montero



Yo te estaba esperando.
Más allá del invierno, en el cincuenta y ocho,
de la letra sin pulso y el verano
de mi primera carta,
por los pasillos lejos y el examen,
a través de los libros, de las tardes de futbol,
de la flor que no quiso convertirse en almohada,
por debajo de todo lo que amé,
yo te estaba esperando.

Yo te estoy esperando.
Por detrás de las noches y la calles,
de las hojas pisadas
y de las obras públicas
y de los comentarios de la gente,
por encima de todo lo que soy,
de algunos restaurantes a los que ya no vamos,
con más prisa que el tiempo que me huye,
más cerca de la luz y de la tierra,
yo te estoy esperando.

Y seguiré esperando.
Como los amarillos del otoño,
todavía palabra de amor ante el silencio,
cuando la piel se apague,
cuando el amor se abrace con la muerte
y se pongan más serias nuestras fotografías,
sobre el acantilado del recuerdo,
después que mi memoria se convierta en arena,
por detrás de la última mentira,
yo seguiré esperando.



Poema Completamente Viernes de Luis García Montero



Por detergentes y lavavajillas,
por libros ordenados y escobas en el suelo,
por los cristales limpios, por la mesa
sin papeles, libretas ni bolígrafos,
por los sillones sin periódicos,
quien se acerque a mi casa
puede encontrar un día
completamente viernes.

Como yo me lo encuentro
cuando salgo a la calle
y está la catedral
tomada por el mundo de los vivos
y en el supermercado
junio se hace botella de ginebra,
embutidos y postre,
abanico de luz en el quiosco
de la floristería,
ciudad que se desnuda completamente viernes.

Así mi cuerpo
que se hace memoria de tu cuerpo
y te presiente
en la inquietud de todo lo que toca,
en el mando a distancia de la música,
en el papel de la revista,
en el hielo deshecho
igual que se deshace una mañana
completamente viernes.

Cuando se abre la puerta de la calle,
la nevera adivina lo que supo mi cuerpo
y sugiere otros títulos para este poema:
completamente tú,
mañana de regreso, el buen amor,
la buena compañía.



Poema Canción Suicida de Luis García Montero



No obedece el futuro,
ni el pasado obedece,
ni siquiera los días
contables del presente.

Tampoco las palabras
escritas obedecen.
Son un destino al margen,
unas canciones débiles,

como las caracolas
tocadas de cipreses
que dejan en el viento
las verdades sin suerte.

No obedecen las cartas.
La escopeta obedece
el enigma que sufren
los relojes de nieve.

Porque el tiempo es un curso
sin corazón ni leyes
que olvida las historias
y jamás obedece.

Obedeció el disparo
del suicida en la frente.
Allí, junto a sus cosas,
le obedeció la muerte.



Poema Canción Que Corta de Luis García Montero



Abriré las ciudades
por si hay
una silla vacía
en los ojos cerrados del futuro.

Abriré las palabras
por si llego
a una luz y a una mesa
en los ojos insomnes del pasado.

Y abriré
la piel de un ruido,
la bóveda de un eco,
el tejdo con hierbas de mi casa.

Quiero estar en nosotros,
quiero volver al río y a los álamos,
descubrir lo que queda,
lo que falta.

Aire
para los aires de mi sombra,
humor de tinta azul en los abismos,
campanas de cristal
sobre la incertidumbre.

Con el filo
de una antigua quimera,
abriré las ciudades, las palabras.



Poema Canción Presentimiento de Luis García Montero



Seguramente
nadie pudo decirnos
que la luz era un túnel sin salida,
que el sol era la sombra
y el mar un sentimiento de la piedra.

Seguramente nadie,
nadie quiso advertir en los periódicos
una flor que era invierno,
una ley que era espada
y esta nube, sospecha de la roca.

Así,
amaneció de negro el día blanco,
y la luna fue escombro
a las dos de la tarde,
cuando salió la víbora de los grandes desiertos
para buscar almohadas y conocer la nieve.

Y los años perdían la memoria,
y el desván se cerraba en las alas del águila,
y cada huella presentía el hielo,
y cada uno se aferró a su nombre
como a un leño en el mar,
navegando en la herida de una frase,
en las puestas de sol,
entre las cartas y los documentos.

Así, con la rutina
de las salas de urgencia,
vino el sapo viscoso de la lluvia,
y nos besó en la boca.



Poema Canción Pornográfica de Luis García Montero



El agua pide orillas donde apoyar la frente,
la noche busca sueños para entrar en las casas,
la luz se hace murmullo
y los países juegan a las cartas.

Juegan
como el silencio con sus ruidos
para pensar que existen en un orden certero.
Como los rayos de la luna,
porque cantan su número y se van deshaciendo.

Juegan como los dioses sin castigo,
suplican el color de una bandera
y la sombra de un himno.

Necesitados de soberanía,
los desnudos no son papel de plata.
Ya no hay sombras detrás de los abrazos
y los países juegan a las cartas.



Poema Canción Extranjera de Luis García Montero



Pero las cosas han cambiado.
Míralas
en su desconocido firmamento.

Esta lámpara joven.
¿Qué soledad descubre su luz en el espejo?

Este vaso de agua.
¿Qué noche de verano comprende sus secretos?

Estas vigas azules.
¿Qué araña tejerá el dolor de sus cuentos?

El idioma dormido de las cosas
exige un corazón subtitulado
para contar los sueños.

Míralas,
hablándote despacio, igual que a un extranjero.



Poema Canción Deshojada de Luis García Montero



La vida tiene pétalos
y un rosal donde tiemblan las historias.

La historia de ese pájaro
que llegaba a dormirse en los escaparates
y ahora vuela en el alma de sus nuevos clientes.

La historia de esa nube
que cubría ciudades con papel de periódico
y ahora deja su lluvia en un tren cancelado.

La historia de mis gafas,
las que piden mis ojos, las que ponen murmullos
de teatros y máscaras junto al libro en la mesa.

La vida tiene pétalos
y nubes sin ciudades,
y las plumas del pájaro,
y las gafas que ahora
son la huella redonda del vacío.



Poema Canción De Brujería de Luis García Montero



Señor compañero, Señor de la noche,

haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.

Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.

Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Señor compañero, Señor de la noche,

haz que no cante el gallo
sobre los edificios,

que se retrase el día

y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

El tiempo que ella tarde en decidirse.



Poema Canción Arboleda de Luis García Montero



Dormía en el refugio de los débiles,
una cama revuelta
de oscuridades fuertes,

cuando bajó su sueño a sespertarlo.
Puso entonces los pies
en un mundo nevado.

El frío de las ropas por el suelo,
de los amaneceres
y los zapatos viejos.

Como los pedregales de la casa
no esperan el orgullo
de una sombra descalza,

pudo abrir los cerrojos de la puerta,
llegar al campo libre
sin que nadie lo viera.

Y se atrevió a romper con su destino.
Cortó a la luz del día
la flor de los malditos,

soportando la noche del cobarde,
la angustia de los números
y la rabia del ángel.

Buscó la soledad de una arboleda,
y sigue allí, lejano
para sentirse cerca,

vigilante de lunas despedidas,
con la plata del sueño
y el limón del realista.



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