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Poema Ocaso de Manuel Machado



Era un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde… El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.

Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.

Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,

para mi amarga vida fatigada…
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar y no pensar en nada!…



Poema Oasis de Manuel Machado



Sueña el león.
Junto a las tres palmeras
se amansa el sol. Existe
el agua. Y Dios deja un momento
que los pobres camellos se arrodillen…

Junto a las tres palmeras,
el árabe, tendido, al fin, sonríe
y suspira… Damasco
lejos aún le aguarda. Los confines
del horizonte brillan encendidos.
Un silencio terrible
llena el aire…En la arena
tiembla la sombra elástica de un tigre.



Poema «nessun Maggior Dolore …» de Manuel Machado



¡Qué tristes almas en pena
son las viejas alegrías…
Y qué fantasmas de días
las noches de luna llena!…

¡Qué lamentable cadena
de pobres melancolías
las horas largas y frías
de la barquilla en la arena!

¡Qué broma absurda y pesada
es la aventura de amor,
hoy sin amor evocada!…

¡Dolor!… ¿Dónde lo hay mayor
que recordar la pasada
alegría en el dolor?



Poema Morir, Dormir… de Manuel Machado



«Hijo, para descansar,
es necesario dormir,
no pensar,
no sentir,
no soñar…»

«Madre, para descansar,
morir».



Poema Melancolía de Manuel Machado



Me siento, a veces, triste
como una tarde del otoño viejo;
de saudades sin nombre,
de penas melancólicas tan lleno…
Mi pensamiento, entonces,
vaga junto a las tumbas de los muertos
y en torno a los cipreses y a los sauces
que, abatidos, se inclinan… Y me acuerdo
de historias tristes, sin poesía… Historias
que tienen casi blancos mis cabellos.



Poema Mariposa Negra de Manuel Machado



A Rubén Darío

La hora cárdena… La tarde
los velos se va quitando…
El velo de oro…, el de plata.
La hora cárdena…
«Aún es temprano».
«Nada veo sino el polvo
del camino…»
«Aún es temprano».

«¿Gritaron, madre?»
«No, hija;
nadie habló… ¿Lloras?…»
«Lo blanco
del camino que contemplo
las lágrimas me ha saltado…»
«No es eso…»
«Yo no sé, madre».
«Él vendrá, que aún es temprano».

«Madre, el humo se está quieto,
las nubes parecen mármol…,
y los árboles diríase,
que tienden abiertos brazos».

Un mendigo horrible pasa,
y hacia el castillo ha mirado.

Una negra mariposa
revolotea en el cuarto.
La hora cárdena… La tarde
los velos se va quitando…

El velo de oro, el de plata…,
el de celajes violados.
… Y el sol va a caer allá lejos,
guerrero herido en el campo.

¡Mal hayan los servidores
que sin su señor tornaron,
los que con él se partieron
y traen, sin él, su caballo!



Poema Los Días Sin Sol de Manuel Machado



A M. Leo Rouanet

El lobo blanco del invierno,
el lobo blanco viene,
con los feroces ojos inyectados
en sangre helada, fijos y crueles.
¡Maldito lobo invierno, que te llevas
los viejos y los débiles!

¡Reunámonos, que todos
tengan una familia,
un libro y fuego alegre!

Y mientras, fuera, el hacha
el tronco seco hiende,
que será rojo en el hogar, cerremos
la puerta y el balcón… ¡Dios no nos quiere!

¡Tregua! Seamos amigos…
La tibia paz entre nosotros reine
en torno de la lámpara, que esparce
la tranquila poesía del presente.

Y tú, mi amada, cuyos rojos labios
son ya la sola flor, dámelos…, ¡quiéreme!…

¡Que el lobo blanco del invierno
el lobo blanco viene!



Poema Lirio de Manuel Machado



Casi todo alma,
vaga Gerineldos
por esos jardines
del rey, a lo lejos,
junto a los macizos
de arrayanes…

Besos
de la reina dicen
los morados cercos
de sus ojos mustios,
dos idilios muertos.
Casi todo alma,
se pierde en silencio,
por el laberinto
de arrayanes… ¡Besos!
Solo, solo, solo,
lejos, lejos, lejos…
Como una humareda,
como un pensamiento…
Como esa persona
extraña que vemos
cruzar por las calles
oscuras de un sueño.



Poema La Corte de Manuel Machado



A Jean Moreas

El conde, orgullo y gloria, las damas galantea
y a los nobles zahiere ?madrigal y epigrama?,
cuando un paje, de lejos y por señas, le llama.
No lleva el paje escudo ni señorial librea.

«Venid ?le dice quedo?; seguidme… ¡a donde sea!
Sólo deciros puedo que es hermosa la dama…
Mas a oscuras el sitio está donde se os llama,
y aún quiere que el camino desconocido os sea».

Duda un momento el conde, y recela, no en vano,
que siniestra emboscada aceche sus arrojos…
Mas, aferrando al cinto los dorados puñales,

al paje, que sonríe resuelto da la mano…
Y el pajecillo rubio pone sobre sus ojos
un pañuelo bordado con las armas reales.



Poema Gerineldos, El Paje de Manuel Machado



Del color del lirio tiene Gerineldos
dos grandes ojeras;
del color del lirio, que dicen locuras
de amor de la reina.

Al llegar la tarde,
pobre pajecillo,
con labios de rosa,
con ojos de idilio;
al llegar la noche,
junto a los macizos
de arrayanes, vaga,
cerca del castillo.

Cerca del castillo,
vagar vagamente
la reina le ha visto.
De sedas cubierto,
sin armas al cinto,
con alma de nardo,
con talle de lirio.



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