Poema Luna de Néstor Martínez
Sol de medianoche
Crisol de corazones
Sonriente cuarto menguante
Creciente de pasiones
Llena de placeres
Nueva de fuego
Vocera del amor
Espero con ansias que regreses…
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Sol de medianoche
Crisol de corazones
Sonriente cuarto menguante
Creciente de pasiones
Llena de placeres
Nueva de fuego
Vocera del amor
Espero con ansias que regreses…
He soñado esa palabra…
que se escapa de mis dedos
huye de mis labios,
no llega a mis oídos.
Entre los sonidos confusos,
he logrado distinguirla
entre las voces del pueblo,
he percibido su presencia
mas, esquiva mis dedos, labios y oídos.
He soñado esa palabra…
la he visto, fugaz deslizarse,
disfrazada de varios idiomas,
pero es la misma palabra
la reconozco aún en las sombras,
la escucho detrás del muro
la que se esfuma de las paredes
la que evade mis dedos, labios y oídos
He soñado esa palabra…
prohibida, maldecida, subversiva
clandestina, excomulgada, mutilada.
He soñado esa palabra…
alegre, siempre joven, decidida…
Allá lejos de tu patria
decidieron la muerte de tu raza
no vieron tus lágrimas
de impotencia centenaria
ni tu bolsillo vacío
de aspiraciones perdidas
ni la desesperanza frente a la muerte
de los niños hambrientos
ni oyeron tus ruegos
de paz y justicia
ni el protestar de tu estómago
frente a la opulencia prohibida
ni el campo arrasado
de cosechas inútiles
ni la sed abrasadora
frente a las fuentes secas
Allá lejos, con aire acondicionado,
seres extraños, de camisa blanca y corbata,
en oficinas cerradas, iluminadas,
planearon el despojo
de tu patria, tu cultura,
de tu tierra, de tus hijos,
Allá lejos
se oye el trepidar de huesos
bajar de las montañas,
salir de las ciudades,
de las selvas, de los campos,
con el rayo en la mano…
Inhala, exhala
Inhala, exhala
Inhala, exhala
… hasta secar
en el fondo,
la pega.
Niños en la plaza.
Luz fantasmal
se posa sobre el jardín
sobre el techo de las casas
en la altura de los árboles
quietud de luna llena
inunda mi cuarto
retroceden las sombras presurosas
mi rostro en la ventana
atestigua la magia nocturna
el hechizo de las estrellas
portal del misterio
abierto a mis sueños
avanza la noche
hacia la muerte luminosa
que asoma, tímida,
con sus rayos de muerte…
Busca la brisa
entre el desierto negro
algún vestigio verde
en el cual posar su afán.
Levanta curiosa
nubes breves
pequeñas y brillantes
soplando la superficie.
Eleva pedazos del cadáver
sobre torbellinos juguetones
polvo sobre polvo revuelve
tratando de insuflarle la vida
Traviesa se desliza presurosa
hacia el atardecer
dejando tras de ella
una estela de muerte
que le dice adiós desesperada..
Los que transformaron su nacionalidad y lenguaje para sobrevivir
(puertorriqueños en Nueva York, cubanos en Miami
o mexicanos en California)
los que mueren de soledad en sus apartamentos,
o dentro de un carro,
los explotados por las embajadas y consulados
organizaciones, empresarios, coyotes, abogados, policías,
políticos y familiares,
los que apenas saben leer y escribir pero que
mantienen la economía del país
(más de dos mil millones de dólares frescos anuales en los últimos 17 años,
sin tomar en cuenta todos los negocios
alrededor de los hermanos lejanos).
los que mueren aplastados en el freeway,
ahogados en las playas de San Diego,
congelados en las montañas o de sed en el desierto
en busca de la oportunidad que nunca tuvieron,
los que tienen un feo monumento en la autopista Sur
(realizado porque sobró dinero de la construcción de un paso a desnivel)
los que son el orgullo nacional pero que cuando mueren nadie los recuerda,
(María Chicas y su hija María Aurora, de cinco años, murieron en un incendio.
El Consulado de El Salvador no contestó las llamadas de la agencia EFE),
Los que salieron maldiciendo la miseria, la criminalidad,
las amenazas de muerte, al gobierno,
los vendedores de documentos falsos en la Alvarado,
de pupusas en cualquier lugar que lleguen,
los negociantes más prósperos,
los que nunca descansan,
los más hospitalarios del mundo,
los que siempre preguntan si ya comiste,
los que superaron las mafias empresariales y políticas
y triunfan a golpe de verdadero trabajo.
Los salvadoreños,
los más vergones del mundo.
La tristeza es roja
El invierno verde
Blanco de luto
Noches amarillas
Negro de la alegría
Tierra rosada
El amor es café
Colores…
algún día
descubriré sus secretos.
He subido la colina
con mis manos alzadas
para tocar el cielo.
He deslizado por la suave pendiente
acariciando la hierba
Exhalar, suspirar y aspirar,
aspirar, suspirar y exhalar.
Humedecer el cuerpo
en el ejercicio de subir y bajar las colinas
extender los brazos en el éxtasis
alcanzar la felicidad
con un grito salvaje,
en el cielo y en la tierra…
Dedos de sol
atraviesan la floresta,
y con su toque mágico,
cual Midas milagroso,
la llena de tonalidades
verdes, doradas y amarillas.
Por el contorsionado camino
regresa la vacada,
dejando tras de sí una estela de oro…
Agoniza la tarde entre el silencio de la campiña,
vuelvo mis pasos,
cargo el sol sobre mis espaldas,
y sigo mi sombra,
de regreso a casa…
con la magia en mis pupilas.