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Poema El Otro de Santiago Azar



Me propongo muy fielmente amar al otro;
al otro yo que no es más que este insistente fantasma.
Tal vez allí se aloja el solo muerto que cargo,
la sola lluvia que desvanece mis huesos.
Pero no podemos, somos tan distintos.
Aquél me enrostra cada vez que puede mis debilidades,
lo que no he hecho y lo que nunca haré,
mi nefasto carácter que ahuyenta a las hormigas.
Pero lo necesito, aún así, lo busco desde que despierta,
porque sé que es mi muerte más amigable
y recita mis poemas, al revés, de arriba a abajo.
Nadie como ese otro maneja mejor mis heridas,
por eso cuando nos enfadamos soy blanco fácil,
me despedaza desde mis cuchillos de infancia
hasta a aquellos besos por los que sufrí anoche.
Sin embargo, este otro no es original,
me copia, me imita la firma, los gestos,
todo lo quiere hacer igual a mí,
beber lo mismo, en iguales cantidades.
Cómo decirle que se vaya, si lo necesito,
porque en mis días tristes ahí está,
en la derrota del cansancio, es horizonte.
A mí, que me digan lo que quieran,
que ya no tengo de qué escribir o hablar !,
que me estoy apagando como una vela pobre !
Yo amo a este otro y lo defiendo a muerte,
con él, me imagino que el mundo no ha nacido.



Poema Domingo De Visitas de Santiago Azar



?Adelante señores, tomen asiento,
aunque no me crean les tengo un enorme respeto.
Hace tanto que los espero y,
sin embargo, ahora que aquí los tengo
me viene a tiritar la voz?
?Nosotros también te conocemos hace mucho?-
dijeron los muertos que me visitaban-
?hemos sabido de tu nombre en reiteradas ocasiones,
lo han publicado en listas alrededor del mundo,
eres buscado a cambio de una buena recompensa?.
Y cuál es la recompensa?-les dije-
?No volver a leerte jamás?-me dijeron a carcajadas.



Poema De Rokha Al Abordaje de Santiago Azar



Desde la mutilada memoria del verso,
desde un mal gesto o un alarido,
la ira canta, canta y canta.
Sabes, Pablo, yo milito en ti,
por que desde tanta tumba
donde no tienes flores,
desde tanta ceniza de la propia vida,
desde esa celda que te dio el aplauso
te haces grande, gigante, monumento:
El Pablo, terremoto de las luces,
el Pablo, incendio de los cuerpos,
el poeta, asesino de las comidas,
el hombre, hombre de las mujeres,
el amigo, primero de botella y abrazo.
Aquí en el Maule, aquí en el Sur
entre el caldo espeso de las longanizas,
en la disparada subida caliente de las cazuelas,
puerta por puerta, libro por libro,
puerta por puerta, vacaciones en el pueblo
en el pueblo! tu nombre;
aquí De Rokha, aquí en la víspera de la muerte.
Me llamas noche a noche,
disparo a disparo, Ay! la bala,
Ay ! el gatillo sonó como campana
y partió un poeta a discutir con Dios
si el cielo es cielo o si el demonio
tiene por apellido De Rokha.
Ay! la bala, la pólvora;
no se muere sólo de intentos,
la muerte abraza sólo al imbécil,
la muerte sólo anima a los tontos,
quien vive, vive en el ladrido de los perros,
vive en las alas de los murciélagos,
en los senos de las prostitutas.
Vives entero en la memoria.
Yo no olvido, yo no sepulto.
A bailar otra vez, Pablito !
La mesa está servida y sólo falta
la boca hambrienta del padre,
del poeta y del hombre de Chile.



Poema Cuando Llama La Poesía… de Santiago Azar



Cuando llama la poesía,
cuando el grito desesperado del verso
clama por mi sangre,
sólo los muertos resucitan y me esperan
pues de ellos es parte mi alma,
es parte del soldado que aquí
todos los días trabaja.
Cuando llama la poesía,
los muertos reciben mis besos
porque también a ellos pertenezco.



Poema Cuando El Mar Te Regrese de Santiago Azar



A Cecilia

Cuando el océano respire hondo sobre tu alma,
y la luna recoja el tesoro que dejaron tus ojos sobre la tierra,
Ay! subirás las escaleras con tus libros bajo el brazo
y entrarás a una biblioteca a conversar con la sabiduría,
volverás a ser tú la misma muchacha del cabello caído,
la que partió al fondo del mar a encontrar una caracola,
la que obsequió la vida repleta de luces en kilómetros de arena,
y en tu casa la madre se pregunta a veces por qué,
por qué la niña liberó su dulce corazón en la sal del mar.
Ay! yo no sé, sólo desde mi mundo te ofrezco flores,
ofrezco mirarte aparecer en las noches como una sirena,
prometo sentarme en la arena, amiga, y cantarte fuerte,
para que reconozcas esos días reunidos bajo la tarde
danzando en la espuma furiosa de un licor.
Prometo sacar la sal del océano para verte entre las olas
y que tus cabellos sean cada alga que las aguas nos regalen.
Amiga, envíanos besos y abrazos a través de la espuma,
envíanos tus manos en las plumas de una gaviota,
tráenos tu aliento fresco debajo de alguna roca,
porque aquí te estaremos esperando, yo a lo lejos,
tu madre con una mesa repleta y recién servida,
aquellos compañeros con un almuerzo en el casino.
Amiga, todos te regalamos un suspiro que te trae nuevamente:
tu bolso sobre el hombro, tu mirada de primavera,
tus pasos que quedaron marcados para llegar a la vida.
Amiga, aquí te esperamos, todos los vivos y los muertos,
cuando el mar te regrese y diga tu nombre muchas veces,
cuando el mar te regrese y hagas flores con tus sueños.



Poema Con Cien Pesos En Las Manos de Santiago Azar



Otra vez la lágrima,
de pie a cabeza me recorre la nostalgia,
de las rosas doradas de nuestros ojos.
Mis queridos compañeros,
les pido que junten cien pesos
en cada mano y levantemos dos cervezas,
así un brindis de espuma y calor,
desfilará como primavera entre los sueños.
Volverán nuestras risas de tarde en tarde,
los juegos y el caballo de bronce en el polvo;
las historias jamás terminadas.
Yo me traje de todos un poco,
el tren desde Santiago venía despacio
y no alcanzó a devorarse los recuerdos.
Me traje tus camisas, Edgardo,
tus botas que gritaban, Diego,
tus páginas y revistas, Oscar;
me traje toda una vida revuelta,
porque éramos tantos y sólo uno.
Fueron muchas las noches de sueños con versos perfectos,
muertos que volvían de sus tumbas a saludarnos,
porque la poesía nos conocía y nos besaba.
Nosotros éramos un poema que quedó inconcluso.
Volverán las cosas, las risas, los llantos,
tras los años en una lejana puerta,
ese dichoso abrazo de fuego;
un amigo en la distancia: un lucero.
Tras los años, en alguna puerta lejana,
la propia juventud tras nuestras canas;
tras los años en alguna casa lejana,
con cien pesos en la mano y
el eterno brindis de seis muchachos
entre espuma, calor y sueños.



Poema Canto De Dolor Y Muerte A Las Viudas De Lota de Santiago Azar



Llora Chileno, llora de suelo a los ríos,
porque nuevamente han vuelto los gritos a las calles.
Hay sangre negra que se comió el mar,
hay picotas que se quedaron liquidadas en la batalla,
a las palas les cayó una guillotina de oscuridad y espanto.
Fueron veinte, veinte soldados de la jornada,
cuarenta brazos que levantaban el sol y
lo escondían como tesoro en la minas.
Fueron veinte las sonrisas que se acabaron,
y son millones los ojos que se derrumban.
Otra vez, otra vez, la muerte te alcanza en la victoria,
en la victoria del sudor y a las manos desnudando la roca.
Otra vez, otra vez, la lágrima se levanta como bandera.
No llores mujer, porque el minero ya vuelve,
no llores madre, pues tu hijo bajará a la mina a buscar
los huesos de su padre con una risa y silencio.
No llores Lota, porque piedra a piedra,
carbón a carbón, hoy quiero subirte a los caballos del aplauso.
De pie, viuda! Aún no acaba la miseria,
aún te queda ese trozo de tierra que arrancaste al Sur de Chile.
Canto de dolor y muerte, de pupilas disparando terror
es lo que hoy se me viene a la mente,
pues se me cayó un territorio de corazón que tenía
en ese peón del castillo de uvas de piedra.
Ay! viuda, promete que dejarás que bese,
promete que me traerás a tus niños,
para recitarles mis versos más tristes.
Me ha recibido una bala de carbón tras la cabeza.
Sabes Chileno, sabes sureño,
fueron veinte y cien los que regresaron de sus tumbas de años;
fueron veinte los que aquella tarde
jamás regresaron con el pan a su mesa.
Fueron ellos los que dieron el beso en la mañana
a las hermosas mujeres de sus sueños,
para dar el último regalo de sus vidas.



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